Tradicionalmente, a los niños se les ha elogiado por sus talentos innatos. Frases como "¡Eres tan inteligente!", "¡Tienes un talento natural para las matemáticas!" o "¡Qué dibujo tan hermoso, eres un pequeño Picasso!" nacen del amor y el deseo de subirles la autoestima. Sin embargo, décadas de investigación psicológica lideradas por la Dra. Carol Dweck de la Universidad de Stanford han demostrado que este tipo de elogios puede, de hecho, ser contraproducente y generar miedo al fracaso.

Aquí es donde entra el concepto de la Mentalidad de Crecimiento (Growth Mindset). Se trata de la convicción de que las habilidades, la inteligencia y el talento no son fijos (no naces siendo "malo para las matemáticas"), sino que son cualidades que pueden desarrollarse a través de la dedicación, las buenas estrategias y, sobre todo, el esfuerzo continuo.

"No le digas a un niño que es inteligente. Dile que admiras lo mucho que se ha esforzado. El esfuerzo está en sus manos; la inteligencia se siente como una carga de perfección."

El impacto de cómo elogiamos

Cuando elogiamos a un niño por ser "listo" cuando saca una buena nota, ¿qué le estamos diciendo implícitamente si en el siguiente examen saca una mala nota? Que ya no es listo. Esto hace que los niños eviten los retos difíciles, porque si fallan, se destruirá su etiqueta de "inteligentes". En cambio, si elogiamos el proceso: "Vi cuánto estudiaste para este examen, realmente te concentraste y ese esfuerzo dio frutos", le estamos dando al niño la fórmula del éxito. Si la próxima vez le va mal, sabrá que simplemente necesita esforzarse o probar una estrategia distinta, pero su valor personal no está en juego.

El poder de la palabra "Todavía"

Una de las herramientas más poderosas para fomentar el esfuerzo es añadir una simple palabra al vocabulario diario de tu hijo: Todavía. Cuando tu hijo tire el lápiz frustrado y grite "¡No puedo hacer este problema de matemáticas, no soy capaz!", tu intervención debe ser tranquila pero firme: "No puedes hacerlo todavía. Tu cerebro está aprendiendo y se está haciendo más fuerte justo ahora. Vamos a intentarlo de nuevo". Ese "todavía" transforma un callejón sin salida en una curva de aprendizaje.

Aprender a andar en bicicleta: La metáfora perfecta

Piensa en cuando un niño aprende a andar en bicicleta. Nadie espera que se suba y pedalee kilómetros sin caerse la primera vez. Sabemos que se tambaleará, que caerá, que se raspará una rodilla. Y le decimos: "¡Vamos, levántate, inténtalo otra vez, ya casi lo tienes!". Aplicar esa misma filosofía a las matemáticas, la lectura, el control de la ira o cualquier otra habilidad de la vida, cambia por completo la manera en que los niños enfrentan la adversidad. El esfuerzo se convierte en el viaje, no en un castigo.

Autor

El Equipo de MarCy Kids

Especialistas en pedagogía y educación emocional. Creemos firmemente que el corazón de un niño es el terreno más fértil para sembrar un mundo mejor.